jueves, 22 de julio de 2010

Teatro de Marionetas


Todas habitan en este gran salón, todas están encaminadas hacia una misma dirección. Hablan de lo mismo, visten un uniforme en que sólo puede distinguirse uno que otro detalle y se mueven de manera casi idéntica, excepto en las funciones especiales, porque para ser especial no se puede actuar como una más del montón. Cada uno de sus movimientos está regido por largos hilos que dirigen sus acciones, ellos le indican la orientación correcta, esa que las hará lucir bien y las alejará de la condena. Pero en el fondo, la originalidad y la independencia es el sueño inalcanzable de toda marioneta.

Yo sólo soy un espectador que viene diariamente a este teatro. A veces me pongo a meditar cómo sería la función si su elenco tuviera vida propia: realizarían una obra al estilo libre, sin libretos, sin pre-producción, sin ataduras. ¡Sería Magnifico! ... Los primeros minutos. Al pasar las horas no sabrían qué decir, no podrían entenderse, posiblemente se descuartizarían unas a otras… Un montón de pabilos por aquí, un trozo de madera por allá, y un pedazo de trapos más acá.... Ya no existiría un titiritero que dicte qué está bien y qué está mal. Pero eso no pasará, después de todo, las marionetas fueron fabricadas sin cerebro con una finalidad: Orden.

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