
Ese lunes estaba muy cansada, no había sido un buen día en la universidad. Siempre lo he dicho, admiro muchísimo a mi papá, por eso decidí tomar la misma rama de la medicina que él escogió: psiquiatría… Él trabaja en un sanatorio mental de mujeres, y siempre me cuenta que a veces puede ser muy complicado saber cómo actuar con las internas de la clínica. Estoy consciente de la dificultad de su profesión; pero a mí, igual que a él, me encanta ayudar a la gente, comprender su conducta, conocer el porqué de su forma de actuar y ayudarlos a salir de sus problemas… en la medida de lo posible. Lo más triste, dice mi papá, es cuando la situación se sale de las manos del médico.
Esa noche, fui la primera en llegar a la casa. Todo estaba en silencio, frío y tranquilo, así que me dispuse a comenzar mis tareas, mientras reinaba la tranquilidad. Dejé mi suéter en el perchero y fui al escritorio de mi papá. En ese momento, me percaté de que en la mesa había una pila de cartas desordenadas, ¡eran como 60! Algunas de ellas estaban un poco rotas. “¿Y esto qué es?, ¿quién las habrá dejado aquí?”, pensaba. No podía quedarme con la duda, ¡esas cartas realmente me atraían! Entonces decidí tomar la que se veía en mejor estado; estaba escrita en tinta azul y tenía fecha del día anterior, 2 de Julio de 2010...
Los días fríos, como hoy, me hacen sentir susceptible, a veces culpable; en ocasiones, molesta. Me hacen pensar de más; me hacen pensar en ti. ¿Por qué no vienes por mí, Ernesto? Estoy cansada de estar tras estas cuatro paredes; son tan blancas, tan níveas ¡tan aburridas! Aquí siempre estoy rodeada de gente, pero me siento más sola que nunca; por eso decidí escribirte a ti una vez más, Ernesto. ¿Por qué no has venido? Discúlpame por celarte tanto. Si hice algo malo te pido que me perdones, yo entiendo que puedes tener amigas, pero al verte con ellas te siento muy lejos de mí... En especial cuando hablas con Marisa, tu ex-novia, siento que echarás nuestra relación por la borda y volverás con ella; pero intentaré controlarlo, LO PROMETO. Yo confío en tu amor por mí, sé que no me dejarás, ¿verdad? Mi único deseo es que vengas por mí, y nos marchemos a nuestra casa frente al mar, esa que tanto deseamos, como me lo prometiste, ¿lo recuerdas? Ernesto, por favor, ven por mí lo más pronto posible, ya no puedo estar aquí, sin ti. ¡Perdóname!
Te ama,
Claudia
Claudia
Luego fijé la vista en un periódico de "Últimas Noticias" que se encontraba al lado de la torre de cartas; estaba amarillento, desgastado y tenía algunas frases borrosas, se notaba que era bastante viejo. Por curiosidad lo tomé; había sido publicado hace exactamente diez años. En su primera página decía:
Caracas, 03 de Julio de 2000
«Ernesto Parra muere envenenado por su esposa luego de un ataque de celos »
Antes de leer el artículo completo, el chirrido de la puerta rompió el silencio y un escalofrío recorrió mi cuerpo, así que me apresuré a colocar todo en su lugar. De los nervios se me cayó la carta, pero logré alcanzarla con el pie.
Era mi papá, quien venía llegando del trabajo. En su rostro se hacía evidente el cansancio, y su expresión denotaba abatimiento.
—Hola, papá, ¿qué tal tu día? —le saludé, mientras mis manos aún temblaban.
—No muy bien, cariño. Hoy murió una de mis pacientes.
03/07/ 2010
Ante todo, excelente comienzo!!!....espero con ancias el desenlace de esta historia!!!!supongo que es la "necesidad de saber", en dado caso, cuál es la relacion del papá de la chica (sin nombre) con la dichosa claudia...o qué intenciones esconde el papá al dejar a la vista esas cartas...QUE CONTINUEEEE!!! XD
ResponderEliminar