
Esta mañana, en la parada de autobuses del cálido pueblo de Chuspa, se sentó a mi lado un señor de unos 68 años de edad; llevaba un sombrero crema, camisa beige, pantalones de poliéster gris oscuro y unos anteojos de color bronce. Era un don de esos a que van repartiendo consejos a los jóvenes para que hagan bien, sin mirar a quién, ustedes saben de lo que hablo...
El veterano comentaba que Chuspa era uno de los mejores pueblos del estado Vargas, que allí la gente era muy humilde, atenta y honesta; a diferencia del pueblo donde él vive (casualmente, es el mismo en el que yo vivo, pero eso lo descubrimos más adelante). Comentaba que en nuestro pueblo “no hay nada”, no hay cultura y la gente es muy egoísta e individualista, cada quien busca su propio beneficio.
El señor comenzó a hacerme preguntas, como si se tratara de una entrevista de trabajo, y se sorprendió al saber que no sólo coincidimos en que ambos vivimos en el mismo pueblo, sino que él también fue afortunado en cruzar diariamente los pasillos de la grandiosa Universidad Central de Venezuela. Luego de unos minutos de conversar, el abuelo me aconsejó, que cuando me graduara, no me quedara aquí, que buscara otro rumbo y saliera de mi pueblo porque no hay nada que hacer por él; ¿acaso eso no es ser egoísta?
Los malos son los demás. Siempre oímos frases como: “es que la gente no sabe valorar lo que tiene”, "la gente es muy egoísta", “por eso es que hay que cuidarse de la gente”, “¡qué va! Los amigos no existen.”, “el mundo está lleno de gente mala, ¿sabe?” Y pare de contar… Pero, después de todo, ¿quién es esa gente? NOSOTROS.
Todos tenemos un lado bueno y uno… “no tan bueno”; todos tenemos defectos y cometemos errores, pero el peor error es no aceptar que tenemos fallas, porque si no nos damos cuenta, ¿cómo cambiaremos? ¿Cómo echamos pa’ lante?
A través de los tiempos, nos hemos encargado de reproducir el juego de echarle la culpa a otros de todos nuestros infortunios. Y esto no sólo lo vemos y oímos en conversaciones cotidianas, sino también en la historia, en la política, en la economía, en todos lados. Créanme, si cada uno de nosotros comenzara por aceptar sus errores, e intentara corregirlos, el mundo sería un lugar mejor (No podía falta una frase rosa, lo siento). ¡Pero, qué va! Los malos son los demás, ¿y nosotros? ¡Somos, perfectos, por supuesto!
El veterano comentaba que Chuspa era uno de los mejores pueblos del estado Vargas, que allí la gente era muy humilde, atenta y honesta; a diferencia del pueblo donde él vive (casualmente, es el mismo en el que yo vivo, pero eso lo descubrimos más adelante). Comentaba que en nuestro pueblo “no hay nada”, no hay cultura y la gente es muy egoísta e individualista, cada quien busca su propio beneficio.
El señor comenzó a hacerme preguntas, como si se tratara de una entrevista de trabajo, y se sorprendió al saber que no sólo coincidimos en que ambos vivimos en el mismo pueblo, sino que él también fue afortunado en cruzar diariamente los pasillos de la grandiosa Universidad Central de Venezuela. Luego de unos minutos de conversar, el abuelo me aconsejó, que cuando me graduara, no me quedara aquí, que buscara otro rumbo y saliera de mi pueblo porque no hay nada que hacer por él; ¿acaso eso no es ser egoísta?
Los malos son los demás. Siempre oímos frases como: “es que la gente no sabe valorar lo que tiene”, "la gente es muy egoísta", “por eso es que hay que cuidarse de la gente”, “¡qué va! Los amigos no existen.”, “el mundo está lleno de gente mala, ¿sabe?” Y pare de contar… Pero, después de todo, ¿quién es esa gente? NOSOTROS.
Todos tenemos un lado bueno y uno… “no tan bueno”; todos tenemos defectos y cometemos errores, pero el peor error es no aceptar que tenemos fallas, porque si no nos damos cuenta, ¿cómo cambiaremos? ¿Cómo echamos pa’ lante?
A través de los tiempos, nos hemos encargado de reproducir el juego de echarle la culpa a otros de todos nuestros infortunios. Y esto no sólo lo vemos y oímos en conversaciones cotidianas, sino también en la historia, en la política, en la economía, en todos lados. Créanme, si cada uno de nosotros comenzara por aceptar sus errores, e intentara corregirlos, el mundo sería un lugar mejor (No podía falta una frase rosa, lo siento). ¡Pero, qué va! Los malos son los demás, ¿y nosotros? ¡Somos, perfectos, por supuesto!
ooooohhhhh....!!!!!! me gusta muuucho viejiiss... te felicitoo... es muy cierto todo lo que dices..!
ResponderEliminarDe: Barbara
quee?? me encantaa de verdad!!! todoo es verdad me nknta me nknta me nknta!! <3 kee fino ke escribas amiigaa de verdad me encantaa
ResponderEliminarAtt: Moni Rivas! <3