miércoles, 26 de diciembre de 2012

Nota mental


Debo marcar mis libros. Marcarlos como se debe. Sin temor a hacerles daño. Usar cada nota como antídoto contra el olvido.

Marcarlos. Rayar cada frase que me haga latir. Apuntar cada pensamiento, cada sensación. Plasmar en notas cada escalofrío, sin temor a que algún visitante use aquellas líneas como pasadizo hacia mi mente.

Debo marcar mis libros. Marcarlos como se debe. Sin temor a hacerles daño. Porque un libro no marcado es como un terreno desierto, como un texto no leído.

                                 Efectos secundarios de leer "Traiciones de la memoria",de Héctor Abad Faciolince.
                                                                                                                   

viernes, 12 de octubre de 2012

Knockout



Tras un golpe fulminante de la realidad, la esperanza quedó malherida, pero no murió.  




sábado, 26 de mayo de 2012

Rústico


Escribir es lo que quiero. Escribir para aprender y desaprender. Para simplificar y complicar. Escribir sin ley, sin reglas gramaticales ni temor al juicio venidero. Escribir para mí. Para nadie.

Escribir sin metáforas ni rodeos. Escribir hasta drenar la rabia oculta detrás de cada sonrisa. Escribir para evadir la realidad. Para entenderme, mostrarme, esconderme. Escribir y convertir  a este teclado en mi confidente. 

Escribir sin sentido. Sin limar ni corregir. Rústico. Sin pulir. Escribir sin esperanzas ni arrepentimientos. ¡Escribir! Nada más.

jueves, 23 de febrero de 2012

Viaje

Pensé, viajé con la mente, reí, me arrepentí, me alegré, reviví fantasmas, los hice regresar y terminé en el mismo punto: frente al teclado.

sábado, 21 de enero de 2012

Un café con la madrugada


La madrugada vino a visitarme. Tocó insistentemente a mi puerta por más de un minuto. Y sólo deseé esconderme, hacerle creer que dormía, pero no pude engañarla. La dejé pasar. 

Le ofrecí café, charlamos un buen rato y escuchamos discos viejos durante horas. Hablamos sobre el pasado, la vida, la muerte, las preguntas sin respuestas, la injusticia, la música, los caprichos, las desilusiones, los fugaces suspiros de alegría que se desvanecen en la nada. Hablamos de ti. 

Miramos viejas fotografías, leímos poemas, cuentos, novelas. Escribimos frases absurdas que nadie más entendería. Discutimos sobre la locura, la soledad escondida entre la multitud, las oportunidades perdidas,  el odio reprimido, las palabras nunca dichas, los sueños fallidos, cumplidos y por cumplir. Nos reímos de los viejos anhelos y desaciertos. Nos reímos de ti. De mí. 

6:00 de la mañana. Se acabó el café. Ella prometió volver pronto y se marchó deprisa, huyendo de los irritantes rayos del sol. Yo me quedé sin una pizca de sueño, con un agridulce sabor de boca y un peso menos en el pecho. 

Sin sentido, sin respuesta

¿Estoy muerta?

Puedo respirar, pero no moverme. Mis pies abrazaron con fuerza el suelo. Mis labios no se abren; no emiten sonido alguno. Mis manos permanecen adheridas al cuerpo, rígidas como cemento, incapaces de actuar.

¿Estoy muerta?

viernes, 20 de enero de 2012

El último orgasmo

Él sintió un torbellino de emociones esa noche. Como si hubiese remontado una ola de placenteros escalofríos, cosquilleos, gemidos, agitaciones, dolor, sacudidas, deleite, desesperación, fricciones, estremecimiento, goce. Sensaciones paradisíacas. Inexplicables. 

Tomar a los hombres por sorpresa era su especialidadElla comenzó a recorrer su cuerpo de abajo a arriba mientras él dormía. Se deslizó poco a poco sobre sus piernas hasta enredarse en su cintura con una sensualidad tan feroz que solo ella podía tener. Él se sintió como en un sueño afrodisíaco del que no quería despertar jamás.

Sin abrir los ojos, se dejó llevar por aquella sensación de gozo que no había experimentado con ninguna mujer. Ella siguió trepando por su cuerpo, enroscándose en él, despertando cada vez más placer. De pronto sus gemidos se transformaron en gritos desesperados.

El dolor insoportable lo obligó a despertar y ver cómo se marchaba su amante, deslizándose por el suelo rugoso mientras contoneaba su cuerpo de espiral alargado, escamoso, verdoso y pintado de rayas, luego de dejar con sus afilados colmillos una herida venenosa, mortal, en los muslos de su presa.


                                                                           "A la lengua y a la serpiente hay que temerles"
                                                                                                                                      (Refrán)