Él sintió un torbellino de emociones esa noche. Como si hubiese remontado una ola de placenteros escalofríos, cosquilleos, gemidos, agitaciones, dolor, sacudidas, deleite, desesperación, fricciones, estremecimiento, goce. Sensaciones paradisíacas. Inexplicables.
Tomar a los hombres por sorpresa era su especialidad. Ella comenzó a recorrer su cuerpo de abajo a arriba mientras él dormía. Se deslizó poco a poco sobre sus piernas hasta enredarse en su cintura con una sensualidad tan feroz que solo ella podía tener. Él se sintió como en un sueño afrodisíaco del que no quería despertar jamás.
Sin abrir los ojos, se dejó llevar por aquella sensación de gozo que no había experimentado con ninguna mujer. Ella siguió trepando por su cuerpo, enroscándose en él, despertando cada vez más placer. De pronto sus gemidos se transformaron en gritos desesperados.
El dolor insoportable lo obligó a despertar y ver cómo se marchaba su amante, deslizándose por el suelo rugoso mientras contoneaba su cuerpo de espiral alargado, escamoso, verdoso y pintado de rayas, luego de dejar con sus afilados colmillos una herida venenosa, mortal, en los muslos de su presa.
"A la lengua y a la serpiente hay que temerles"
(Refrán)
(Refrán)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comenta con confianza....