sábado, 21 de enero de 2012

Un café con la madrugada


La madrugada vino a visitarme. Tocó insistentemente a mi puerta por más de un minuto. Y sólo deseé esconderme, hacerle creer que dormía, pero no pude engañarla. La dejé pasar. 

Le ofrecí café, charlamos un buen rato y escuchamos discos viejos durante horas. Hablamos sobre el pasado, la vida, la muerte, las preguntas sin respuestas, la injusticia, la música, los caprichos, las desilusiones, los fugaces suspiros de alegría que se desvanecen en la nada. Hablamos de ti. 

Miramos viejas fotografías, leímos poemas, cuentos, novelas. Escribimos frases absurdas que nadie más entendería. Discutimos sobre la locura, la soledad escondida entre la multitud, las oportunidades perdidas,  el odio reprimido, las palabras nunca dichas, los sueños fallidos, cumplidos y por cumplir. Nos reímos de los viejos anhelos y desaciertos. Nos reímos de ti. De mí. 

6:00 de la mañana. Se acabó el café. Ella prometió volver pronto y se marchó deprisa, huyendo de los irritantes rayos del sol. Yo me quedé sin una pizca de sueño, con un agridulce sabor de boca y un peso menos en el pecho. 

Sin sentido, sin respuesta

¿Estoy muerta?

Puedo respirar, pero no moverme. Mis pies abrazaron con fuerza el suelo. Mis labios no se abren; no emiten sonido alguno. Mis manos permanecen adheridas al cuerpo, rígidas como cemento, incapaces de actuar.

¿Estoy muerta?

viernes, 20 de enero de 2012

El último orgasmo

Él sintió un torbellino de emociones esa noche. Como si hubiese remontado una ola de placenteros escalofríos, cosquilleos, gemidos, agitaciones, dolor, sacudidas, deleite, desesperación, fricciones, estremecimiento, goce. Sensaciones paradisíacas. Inexplicables. 

Tomar a los hombres por sorpresa era su especialidadElla comenzó a recorrer su cuerpo de abajo a arriba mientras él dormía. Se deslizó poco a poco sobre sus piernas hasta enredarse en su cintura con una sensualidad tan feroz que solo ella podía tener. Él se sintió como en un sueño afrodisíaco del que no quería despertar jamás.

Sin abrir los ojos, se dejó llevar por aquella sensación de gozo que no había experimentado con ninguna mujer. Ella siguió trepando por su cuerpo, enroscándose en él, despertando cada vez más placer. De pronto sus gemidos se transformaron en gritos desesperados.

El dolor insoportable lo obligó a despertar y ver cómo se marchaba su amante, deslizándose por el suelo rugoso mientras contoneaba su cuerpo de espiral alargado, escamoso, verdoso y pintado de rayas, luego de dejar con sus afilados colmillos una herida venenosa, mortal, en los muslos de su presa.


                                                                           "A la lengua y a la serpiente hay que temerles"
                                                                                                                                      (Refrán)

miércoles, 4 de enero de 2012

Comparto uno de mis poemas favoritos de Andrés Eloy Blanco...

La renuncia


He renunciado a ti. No era posible.

Fueron vapores de la fantasía;

son ficciones que a veces dan a lo inaccesible

una proximidad de lejanía.



Yo me quedé mirando cómo el río se iba

poniendo encinta de la estrella...

Hundí mis manos locas hacia ella

y supe que la estrella estaba arriba...



He renunciado a ti, serenamente,

como renuncia a Dios el delincuente;

he renunciado a ti como el mendigo

que no se deja ver del viejo amigo;

como el que ve partir grandes navíos

con rumbos hacia imposibles y ansiados continentes;

como el perro que apaga sus amorosos bríos

cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;

como el marino que renuncia al puerto

y el buque errante que renuncia al faro

y como el ciego junto al libro abierto

y el niño pobre ante el juguete caro.



He renunciado a ti, como renuncia

el loco a la palabra que su boca pronuncia;

como esos granujillas otoñales,

con los ojos extáticos y las manos vacías,

que empañan su renuncia, soplando los cristales

en los escaparates de las confiterías...

He renunciado a ti, y a cada instante

renunciamos un poco de lo que antes quisimos

y al final, cuántas veces el anhelo menguante

pide un pedazo de lo que antes fuimos!